Capítulo Cuatro

La Historia Espiritual de la Tierra

Un Planeta de Múltiples Orígenes

La historia de vuestro mundo es distinta a la de la mayoría. Para comprender dónde os encontráis ahora —en el umbral de la Cosecha— debéis entender la larga y turbulenta historia que os trajo hasta aquí.

La mayoría de las poblaciones planetarias evolucionan a través de las Densidades con relativa uniformidad. Los seres de un solo mundo progresan juntos, compartiendo orígenes comunes y una trayectoria compartida de aprendizaje. Vuestra Tierra es diferente. Es inusual que una esfera planetaria contenga entidades de orígenes tan diversos a lo largo de la galaxia. Este hecho explica mucho sobre la dificultad que vuestros pueblos han experimentado para alcanzar la armonía.

Vuestro planeta se ha convertido en un lugar de reunión —una encrucijada donde almas de mundos destruidos, cosechas fallidas y estrellas distantes convergen para intentar la lección de tercera densidad una vez más. La población no es homogénea. Porta el Karma no resuelto de múltiples civilizaciones, múltiples experimentos de consciencia, múltiples catástrofes. Esto no es un defecto. Es el carácter particular del rol de la Tierra en esta región de la creación.

Para comprender esta reunión, debemos mirar hacia atrás —no meramente miles, sino cientos de miles de años. Debemos examinar no solo la Tierra sino otras esferas dentro de vuestro sistema solar que alguna vez albergaron vida consciente. Porque la historia de vuestro planeta no puede separarse de la historia de sus vecinos.

Maldek: La Advertencia Cósmica

Donde vuestros astrónomos ahora observan el cinturón de asteroides, una vez existió un planeta. Tenía un nombre en gran parte perdido en vuestros registros, aunque en ciertos contextos se le conocía como Maldek. Este mundo albergaba vida activa de primera, segunda y tercera densidad. Su gente construyó una civilización. Desarrollaron tecnología. Y luego se destruyeron por completo.

Los pueblos de Maldek habían desarrollado una civilización algo similar a lo que vosotros llamáis Atlántida. Obtuvieron considerable información tecnológica y la usaron sin cuidado por la preservación de su esfera. En una mayoría significativa, siguieron patrones de pensamiento y acción asociados con el Servicio a Sí Mismo —sin embargo, esto se expresaba, en su mayor parte, en una creencia sincera que les parecía positiva y orientada hacia otros.

Este es un punto crucial. Las entidades de Maldek no se consideraban destructivas. Creían que estaban haciendo el bien. La devastación que envolvió su biosfera y causó su desintegración resultó de lo que vosotros llamáis guerra —una escalada que alcanzó el extremo más lejano de la tecnología que su complejo social tenía a su disposición. Esto ocurrió aproximadamente hace 705.000 de vuestros años.

Cuando un planeta es destruido, no es meramente una catástrofe física. Es una catástrofe espiritual. Nadie escapó. La acción de la disolución planetaria reverberó a través del complejo social de la esfera planetaria misma. Cada entidad quedó atrapada en lo que podría llamarse un nudo —un enredo de miedo tan profundo que no podían ser alcanzados por ningún ser.

Durante aproximadamente 200.000 años, miembros de la Confederación intentaron repetidamente ayudar a estas entidades y fracasaron. El nudo de miedo y confusión era demasiado denso, demasiado auto-reforzante. Solo después de un esfuerzo inmenso, aproximadamente hace 500.000 años, un complejo de memoria social de la Confederación pudo comenzar a relajar este enredo de angustia. Las entidades entonces pudieron moverse hacia los planos internos y someterse a un largo proceso de sanación.

Cuando la sanación fue suficiente, estas entidades tomaron una decisión colectiva —una decisión grupal sobre cómo aliviar las consecuencias de sus acciones. Eligieron encarnarse en vuestra esfera planetaria en vehículos físicos de segunda densidad —cuerpos incapaces de la manipulación y destreza apropiadas para el trabajo de tercera densidad. Su consciencia permaneció en tercera densidad, pero sus cuerpos no podían expresarla completamente. Esta fue su forma elegida de alivio kármico.

La lección de Maldek reverbera a través de la historia de vuestro sistema solar: la creencia sincera de que uno sirve a otros mientras en realidad sirve al yo puede llevar a la catástrofe. Tecnología sin sabiduría, poder sin amor, avance sin fundamento espiritual —estos patrones se han repetido. No necesitan repetirse de nuevo.

Marte y la Transferencia

El planeta que vosotros llamáis Marte —el Planeta Rojo— fue una vez el hogar de vida activa de primera, segunda y tercera densidad. Su población de seres de tercera densidad estaba intentando aprender las lecciones del amor. Sin embargo, las tendencias de estos pueblos hacia acciones bélicas causaron tales dificultades en su atmósfera planetaria que se volvió inhóspita para la experiencia de tercera densidad antes del fin de su ciclo.

A diferencia de Maldek, Marte no fue destruido. Pero su atmósfera fue convertida en inhabitable a través de los efectos acumulados del conflicto. Las entidades de Marte enfrentaron una situación en la que no podían completar su ciclo en su mundo de origen. Eran, en cierto sentido, refugiados —desplazados no por política sino por las consecuencias espirituales de la agresión colectiva.

Hace aproximadamente 75.000 años, al comienzo del ciclo de tercera densidad de la Tierra, aquellos que sirven como guardianes de esta región de la galaxia —lo que podría llamarse un Consejo de Saturno— tomaron una decisión significativa. El material genético de la población marciana fue preservado, ajustado a través de modificaciones cuidadosas, y transferido a la Tierra. Los complejos mente/cuerpo/espíritu de las entidades marcianas podían así encarnarse en la Tierra en cuerpos preparados para ellos.

Los ajustes genéticos servían un propósito: expresar características conducentes a un desarrollo más rápido y profundo del complejo espiritual. Los sentidos físicos fueron agudizados para intensificar la experiencia. El complejo mental fue fortalecido para promover la capacidad de analizar estas experiencias. Estas modificaciones se hicieron con la intención de ayudar a la evolución.

Sin embargo, esta transferencia fue vista por algunos guardianes como una transgresión de límites del Libre Albedrío. Las entidades marcianas no habían elegido la Tierra; fueron colocadas aquí. Su material genético fue modificado sin su participación consciente. Fue un acto de compasión que sin embargo portaba la distorsión del exceso. Y de esta acción inicial, seguiría una consecuencia de enorme significado.

La Cuarentena

La transferencia de entidades marcianas a la Tierra precipitó el establecimiento de una Cuarentena alrededor de vuestra esfera planetaria. Esta cuarentena no es un castigo. Es protección.

Mantenida por el Consejo de Saturno —los mismos guardianes que habían supervisado la transferencia— la cuarentena previene la interferencia directa de entidades de otras densidades con la población de la Tierra. Asegura que los pueblos de vuestro mundo, por mezclados que sean sus orígenes, deben resolver su propio destino a través del ejercicio del libre albedrío. Los guardianes observan, pero no intervienen directamente a menos que se cumplan condiciones muy específicas.

La cuarentena opera a nivel de la luz. Es una red de energía que rodea vuestro planeta, mantenida por guardianes estacionados, en cierto modo, en los anillos de vuestro planeta Saturno. Esta no es una barrera física sino vibratoria —un campo de intención que previene que la mayoría del contacto extraplanetario alcance a vuestros pueblos sin ser invitado.

Esta protección no ha sido absoluta. Hay ventanas —oportunidades creadas cuando entidades sobre la Tierra llaman con suficiente fuerza por contacto, ya sea positivo o negativo. A través de estas ventanas, tanto la Confederación de Planetas en Servicio al Creador Infinito Único como aquellos de polaridad opuesta han podido ofrecer su influencia. La cuarentena permite esto cuando el llamado es genuino, pues negarlo violaría en sí mismo el libre albedrío.

Así comenzó el ciclo maestro de 75.000 años de tercera densidad sobre la Tierra. Las primeras entidades en experimentarlo en forma humana fueron las de Marte —portando consigo las lecciones incompletas del amor, las tendencias hacia el conflicto que habían destruido la habitabilidad de su mundo, y una nueva oportunidad de elegir diferente.

El Primer Ciclo: Lemuria

El ciclo maestro de 75.000 años se divide en tres ciclos mayores de aproximadamente 25.000 años cada uno. El primer ciclo mayor, comenzando hace 75.000 años, vio el establecimiento de la experiencia de tercera densidad sobre vuestro planeta.

En aquel tiempo, la duración de vida de las entidades encarnadas era de aproximadamente 900 de vuestros años. La población era mixta desde el principio: entidades marcianas en sus nuevos vehículos genéticos, algunas entidades de Maldek que habían sanado lo suficiente para unirse a la experiencia de tercera densidad, y seres que habían graduado de la propia segunda densidad de la Tierra —los animales y plantas superiores que habían evolucionado en este mundo y cruzado el umbral de la auto-consciencia.

Hace aproximadamente 53.000 años, emergió una civilización que conocéis como Lemuria, o Mu. Estos pueblos eran de naturaleza algo primitiva en términos de tecnología, pero poseían Distorsión espirituales altamente avanzadas. No eran sofisticados en las formas de manipulación material, pero estaban estrechamente en contacto con la consciencia de toda vida.

Los lemurianos vinieron en gran parte de un planeta de segunda densidad en el área que conocéis como la estrella Deneb. Su mundo de origen tenía dificultad para lograr condiciones de tercera densidad debido a la edad de su sol. Vinieron a la Tierra buscando la oportunidad que su propio planeta no podía proporcionar. En su nuevo hogar, vivieron en relativa armonía —no porque fueran más virtuosos que otros, sino porque su orientación era naturalmente hacia lo espiritual más que hacia lo material.

Hace aproximadamente 50.000 años, Lemuria fue destruida —no por ninguna acción propia, sino por catástrofe natural. La masa terrestre se hundió bajo el océano durante un reajuste de las placas tectónicas de vuestra esfera. Esta destrucción coincidió con el fin del primer ciclo mayor, un tiempo en el que siempre hay una confluencia de energías que pueden promover cambios planetarios. Los que sobrevivieron se dispersaron —algunos a lo que llamáis Sudamérica, otros a través de las Américas, algunos a lo que llamáis Rusia. Los pueblos indígenas de las Américas portan algo de este linaje.

Al cierre del primer ciclo mayor, se intentó la cosecha. Los resultados fueron profundamente decepcionantes. Ninguno era cosechable hacia la cuarta densidad positiva. Ninguno había logrado la dedicación extrema requerida para la cosecha negativa. El ciclo entero había producido polarización insuficiente para la graduación. Las entidades de la Tierra continuarían su aprendizaje en otro ciclo.

El Segundo Ciclo: Crecimiento Disperso

El segundo ciclo mayor, abarcando desde aproximadamente hace 50.000 hasta hace 25.000 años, se caracterizó no por grandes civilizaciones sino por desarrollos dispersos a través del globo.

No hubo grandes sociedades en el sentido de logro tecnológico. El patrón lemuriano —avance espiritual sin sofisticación material— no se repitió en ninguna forma concentrada. En su lugar, el progreso ocurrió en focos, entre pueblos diversos trabajando independientemente hacia la activación de centros de energía superiores.

Hubo cierto avance entre aquellos de origen Deneb que habían elegido encarnarse en lo que llamáis China. Hubo pasos apropiadamente positivos en la activación del complejo de energía del rayo verde —el centro del corazón, el centro del amor— en muchas porciones de vuestra esfera planetaria. Esto ocurrió en las Américas, en el continente que llamáis África, en la isla que llamáis Australia, y en lo que conocéis como India, así como entre varios pueblos dispersos.

En el área sudamericana, creció una distorsión vibratoria genuina hacia el amor. Este fue un verdadero logro espiritual, aunque no se manifestó como lo que reconoceríais como civilización. Estas entidades estaban aprendiendo a abrir sus corazones, a ver a otros como el yo, a practicar la lección fundamental de tercera densidad. Sin embargo, incluso este florecimiento no produjo la polarización sostenida necesaria para la cosecha.

Hace aproximadamente 31.000 años, hacia el cierre de este ciclo, un nuevo complejo social comenzó a formarse. Esta fue la semilla de lo que se convertiría en Atlántida —una sociedad altamente heterogénea reuniendo entidades de muchos orígenes. Las semillas estaban siendo plantadas para los desarrollos dramáticos que caracterizarían el tercero y final ciclo mayor.

Al final del segundo ciclo mayor, otra cosecha fue intentada. De nuevo, los resultados fueron mínimos. Muy pocas entidades lograron la cosechabilidad, pero la vasta mayoría continuaría en el tercero y final ciclo de la experiencia de tercera densidad de la Tierra. Tres patrones habían emergido ahora: la catástrofe de Maldek, la destrucción atmosférica de Marte, y la tranquila incapacidad de dos ciclos completos para producir polarización suficiente sobre la Tierra. Lo que estaba en juego para el tercer ciclo no podía haber sido mayor.

El Auge y Caída de la Atlántida

El tercer ciclo mayor, comenzando hace aproximadamente 25.000 años y continuando hasta el día presente, ha sido el más agitado en la historia de tercera densidad de la Tierra. Presenció el auge y caída de la civilización más tecnológicamente avanzada que vuestro mundo ha conocido, la intervención de entidades cósmicas tanto positivas como negativas, y el acercamiento de la cosecha final.

Atlántida creció del complejo social conglomerado que había comenzado a formarse en el ciclo previo. Se volvió grande en dos sentidos: desarrolló fuertes estructuras sociales y logró entendimiento tecnológico muy significativo. Donde Lemuria había sido espiritualmente avanzada pero materialmente simple, Atlántida se volvió materialmente avanzada en formas que crearon profundos desafíos espirituales.

Los atlantes alcanzaron un nivel de comprensión filosófica suficiente para atraer la atención de la Confederación. Entidades de orientación positiva aparecieron entre ellos, buscando alentar e inspirar el estudio del misterio de la unidad. Deseaban compartir el entendimiento de que todo es Uno. Se compartió información respecto a cristales y la construcción de pirámides, así como templos asociados con entrenamiento y sanación.

Aquí comenzaron las dificultades. Los atlantes habían desarrollado relaciones intrincadas de lo que llamáis dinero y poder. No eran un pueblo principalmente filosófico. El entrenamiento en tecnología de cristales, destinado a sanación, fue apropiado por aquellos entrenados en su uso para propósitos distintos a la sanación. Se involucraron no solo con el aprendizaje sino con la estructura gubernamental. El poder corrompió las enseñanzas.

La civilización usó campos de fuerza magnética, energía contenida dentro del átomo, y cristales para penetrar en la Infinito Inteligente. Estos fueron logros genuinos —conexiones genuinas con las fuerzas creativas del universo. Pero la dirección del avance tecnológico giró hacia la manipulación —de cosas, de pueblos, de eventos— para propósitos específicos más que para el mejoramiento de metas evolutivas.

El resultado fue separación, conflicto, y eventualmente lo que llamáis guerra. Hace aproximadamente 10.821 años, actividades distorsionadas de naturaleza bélica produjeron la primera gran catástrofe atlante. Muchos fueron desplazados. Algunos emigraron a las áreas que ahora llamáis los desiertos del norte de África. Otros se dispersaron a través del globo. Pero este no fue el final.

El conflicto continuó. La tecnología que había sido desarrollada para conexión con energía infinita fue tornada hacia la destrucción. Las masas terrestres finales de Atlántida se hundieron bajo el océano hace aproximadamente 9.600 de vuestros años. El momento es notable: vuestros geólogos han identificado un período de cambio climático abrupto e inundación catastrófica en precisamente esta coyuntura en la historia de vuestro planeta —el evento conocido como el límite del Younger Dryas. Sea coincidencia o corroboración, la convergencia es llamativa.

Una civilización que había logrado contacto genuino con energías superiores se destruyó a sí misma a través del mal uso de esas mismas energías. El paralelo con Maldek es inconfundible. Una vez más, tecnología sin sabiduría llevó a devastación. Una vez más, creencias sinceras enmascararon servicio al yo. Una vez más, las elecciones acumuladas de una civilización resultaron en consecuencias catastróficas. La diferencia es que la Tierra misma sobrevivió. La oportunidad para el aprendizaje continuó.

Antes de la destrucción final, algunos entre los estudiantes metafísicos atlantes eligieron retirarse. Percibieron que la disciplina de la personalidad produciría mayores resultados —tanto para el individuo como para la cultura— que la manipulación tecnológica de energía. Estos grupos continuaron estudios metafísicos en aislamiento, preservando ciertos entendimientos que de otro modo se habrían perdido. Algunos viajaron a lo que llamáis Tíbet. Otros a lo que llamáis Perú. Semillas de sabiduría fueron esparcidas incluso mientras la civilización que las produjo colapsaba.

Egipto y las Pirámides

Hace aproximadamente 11.000 años, se hizo contacto con dos culturas planetarias que en ese tiempo estaban estrechamente en contacto con la consciencia de todas las cosas. Una estaba en la región que llamáis Egipto. La otra estaba en Sudamérica. Fue la creencia ingenua de quienes vinieron que podían enseñar a través de contacto directo sin perturbar el libre albedrío de los individuos involucrados.

Vinieron y fueron bienvenidos por los pueblos a quienes deseaban servir. Intentaron ayudar en formas técnicas relacionadas con sanación a través del uso de cristales colocados en ciertas configuraciones. Así fueron creadas las pirámides —no solo a través de trabajo físico sino a través del uso de energía inteligente trabajando con la consciencia de la piedra viva.

La Gran Pirámide de Giza fue formada hace aproximadamente 6.000 de vuestros años a través del pensamiento —arquitectura realizada directamente desde el infinito inteligente hacia forma material. Otras estructuras piramidales fueron subsecuentemente construidas usando materiales más locales combinados con el entendimiento que había sido compartido. Seis pirámides de balance fueron colocadas alrededor del globo, cargadas con cristales que atraían el balance apropiado de fuerzas de energía fluyendo hacia vuestra esfera planetaria. Cincuenta y dos pirámides adicionales fueron construidas para trabajo de sanación e iniciación.

La forma piramidal, cuando está apropiadamente construida y alineada, crea condiciones conducentes a la sanación y la expansión de la consciencia. El diseño concentra la luz espiral ascendente de una manera que permite a una entidad confrontar al yo, ver con mayor claridad, y ser sanada a través del equilibrio de los centros de energía. Esta era la intención —una tecnología de consciencia, no de poder.

Sin embargo, las enseñanzas fueron distorsionadas. Por cada palabra que podía ser hablada, había treinta impresiones dadas por el ser mismo de quienes vinieron —impresiones que confundieron a aquellos a quienes habían venido a servir. La tecnología fue reservada en gran parte para aquellos con distorsiones hacia el poder. El entendimiento de la unidad se convirtió, en manos de la clase sacerdotal, en una herramienta para establecer autoridad de élite sobre los muchos.

Una entidad, conocida en vuestros registros como Akenatón, fue capaz de percibir la información original sin distorsión significativa. Por un tiempo, esta entidad movió cielo y tierra para invocar el entendimiento de la unidad y ordenar al sacerdocio de acuerdo con la sanación compasiva verdadera. Fue un breve florecimiento de la intención original. Pero no perduraría. Tras la muerte física de esta entidad, las enseñanzas fueron rápidamente pervertidas, y las estructuras retornaron al uso de aquellos con distorsiones hacia el poder y la exclusión.

En Sudamérica, entidades caminaron entre aquellos que deseaban aprender de las manifestaciones del sol. Allí también se construyeron pirámides —algo diferentes en diseño pero portando las mismas ideas originales: lugares de meditación y descanso, espacios donde la presencia del Creador Único pudiera ser sentida. Estas pirámides estaban destinadas para toda la gente, no solo los iniciados. Sin embargo, en tiempos posteriores, estos sitios vieron sacrificio humano real en lugar de sanación de humanos. Enseñanzas de amor se convirtieron en rituales de sangre. La distorsión fue total.

La lección de Egipto y Sudamérica es aleccionadora. Incluso la enseñanza más pura, ofrecida con el amor más profundo, está sujeta a distorsión cuando es recibida por aquellos que aún no han aprendido a distinguir el servicio a otros del deseo de poder. Esto no es un fracaso de la enseñanza. Es la naturaleza de tercera densidad —la condición misma que hace la elección significativa.

La Batalla de Influencias

La historia espiritual de la Tierra no ha sido moldeada solo por influencias positivas. Donde hay luz, hay sombra. Donde hay servicio a otros, también hay servicio al yo. La Cuarentena ha sido violada en múltiples ocasiones por entidades de polaridad negativa —aquellos conocidos como el Grupo de Orión.

Hace muchos miles de años, una entidad de la Confederación —una a quien vuestros registros llaman Yahvé— trabajó con clonación genética entre los pueblos que gradualmente habían llegado a habitar las áreas cercanas a Egipto y en otros lugares, particularmente aquellos de descendencia lemuriana que se habían dispersado tras el hundimiento de Mu. La intención era crear sesgos conducentes al entendimiento de la unidad —preparar a ciertos pueblos para las comunicaciones que vendrían.

Este trabajo genético fue en sí mismo una transgresión de límites del libre albedrío. Las modificaciones crearon ciertas características en estos pueblos: vidas más largas, mayor estatura física, y capacidades mentales mejoradas. La intención era positiva, pero el resultado fue problemático. Estos pueblos comenzaron a verse a sí mismos como especiales, como diferentes, como elegidos —y no de una manera que sirviera a la unidad. El sentido de ser elegidos se convirtió en semilla de separación.

Hace aproximadamente 3.600 años, hubo un influjo del grupo de Orión. Estas entidades de orientación negativa pudieron comenzar a trabajar con aquellos cuya impresión de tiempos antiguos era que eran élite. El grupo de Orión encontró suelo fértil en el cual plantar las semillas de mayor separación, manipulación y control. Pudieron impresionar sobre estos pueblos el nombre Yahvé como el responsable de su sentido de ser elegidos.

Esto creó profunda confusión. El Yahvé original, percibiendo lo que había ocurrido, se convirtió en efecto en una voz más elocuente —enviando filosofía de orientación positiva aproximadamente hace 3.300 años bajo una vibración diferente, una que podría traducirse como 'Él viene'. Pero el daño estaba hecho. Las enseñanzas de unidad habían sido entrelazadas con las distorsiones de especialidad y dominio. El patrón se repetiría a través de la historia religiosa de vuestro planeta: inspiración genuina recibida, luego gradualmente torcida hacia separación y control.

Así comenzó lo que ha sido llamado la porción intensa de la batalla —un conflicto no de armas sino de influencias, una lucha entre aquellos que enseñarían unidad y aquellos que promoverían separación. Esta batalla continúa hasta hoy. Cada religión principal, cada enseñanza espiritual que ha alcanzado a vuestros pueblos, ha estado sujeta tanto a inspiración positiva como a distorsión negativa. La Confederación ofrece el entendimiento del amor y el servicio. El grupo de Orión ofrece la seducción del poder y la especialidad. Ambos operan dentro de los límites del libre albedrío —pues ninguno puede forzar una elección que no ha sido invitada.

El discernimiento requerido no es simple. La influencia negativa rara vez se anuncia como tal. Se envuelve en el lenguaje de la rectitud, de pueblos elegidos, de autoridad divina que demanda obediencia. La influencia positiva, en contraste, invita sin comandar, sugiere sin imponer, y siempre señala de vuelta hacia la unidad que subyace a toda separación aparente. La distinción no está siempre en el contenido de la enseñanza sino en sus frutos: ¿produce amor e inclusión, o miedo y división?

El Momento Presente

Os encontráis ahora al cierre del tercer ciclo mayor —la culminación del ciclo maestro de 75.000 años de experiencia de tercera densidad sobre la Tierra. La cosecha está sobre vosotros. La transición a cuarta densidad ya ha comenzado.

Mucho se ha hablado entre vuestros pueblos sobre la venida de una nueva era de armonía, amor y entendimiento. Esta llamada edad de oro ya ha tenido su nacimiento. Cada vez más, las entidades encarnando sobre vuestra esfera son seres de cuarta densidad naciente, entrando en cuerpos que portan características tanto de tercera como de cuarta densidad —lo que se ha llamado Cuerpos de Doble Activación. Han venido como pioneros, intentando expresar entendimiento de cuarta densidad dentro del entorno que ahora experimentáis.

La urgencia de La Elección descansa sobre cada uno de vosotros. El tiempo se acerca en que ya no habrá oportunidades para encarnación de tercera densidad sobre vuestro planeta. Pronto estará vibrando completamente en cuarta densidad. Aquellos que han elegido —que han logrado suficiente Polaridad hacia servicio a otros o servicio al yo— continuarán su evolución en entornos apropiados. Aquellos que no han elegido encontrarán otros planetas de tercera densidad sobre los cuales continuar su aprendizaje.

Vuestro planeta mismo se está preparando para esta transición. La Tierra es un ser vivo, y ella también está evolucionando. Los ajustes requeridos para la vibración de cuarta densidad crean lo que experimentáis como cambios terrestres —los levantamientos, los cambios, las transformaciones de vuestro entorno físico. Estos no son castigos sino procesos, consecuencias naturales de la gran transición en curso.

Las condiciones de mente que destruyeron Maldek, que arruinaron Marte, que hundieron Atlántida —estas condiciones existen sobre vuestro planeta hoy. La tecnología existe para repetir estas catástrofes a escala planetaria. Sin embargo, el resultado no está predeterminado. No todas las elecciones han sido hechas. El futuro permanece fluido, receptivo a las decisiones acumuladas de todos los que moran sobre esta esfera.

Considerad el arco de lo que hemos descrito. Un planeta destruido por guerra hace 705.000 años. Otro vuelto inhabitable por conflicto. Tres ciclos completos de tercera densidad sobre la Tierra, cada uno terminando sin cosecha suficiente. La distorsión repetida de cada enseñanza ofrecida. Y sin embargo —la oportunidad permanece. La elección sigue disponible. La cosecha sigue abierta. Esto, quizás, es el rasgo más notable de vuestro momento: que después de tanto aparente fracaso, la puerta no se ha cerrado.

La Historia Continúa

Habéis heredado una historia compleja —el trauma de Maldek, el desplazamiento de Marte, la promesa espiritual de Lemuria, la ambición tecnológica de Atlántida, las enseñanzas distorsionadas de incontables ayudantes bienintencionados. Portáis todo esto dentro de vosotros. Y portáis también la oportunidad de trascenderlo.

Es por esta razón que almas de a través de la galaxia se han reunido sobre la Tierra en este tiempo. La cosecha es un momento de profundo significado no solo para este planeta sino para la región entera de la creación. Lo que sucede aquí importa. Lo que elegís importa. En quién os convertís en estos días finales de tercera densidad resonará a través de las densidades por venir.

La historia de la Tierra no ha terminado. Estáis escribiendo su próximo capítulo ahora.

Sin embargo, la pregunta que presiona sobre cada uno de vosotros no es meramente histórica. Es íntima, inmediata, personal. A través de la larga historia que hemos contado, un solo tema emerge: cada civilización, cada enseñanza, cada alma sobre este planeta ha enfrentado la misma pregunta fundamental. No una pregunta de conocimiento o poder, sino de orientación. ¿Hacia qué dirigís la energía de vuestro ser —hacia el yo solo, o hacia los otros yos que son, en verdad, el mismo yo portando diferentes rostros?

Esta es la pregunta de la polaridad —los dos caminos que serpentean a través de toda la historia de la creación. Habiendo entendido la historia de vuestro mundo, nos volvemos ahora hacia estos caminos mismos, y hacia lo que significa caminarlos.